¿Por qué surge “Madrid Federal”? ¿Cuál es su objetivo?

En noviembre de 2017 se constituía en Madrid la Asociación por una España Federal. Fue creada por un grupo de personas cuya intención era buscar salidas a los problemas territoriales del país y mejorar el funcionamiento de sus instituciones. El objetivo básico de la asociación es proponer la reforma del Estado autonómico en línea con las propuestas federales, así como intentar conectar los esfuerzos federalistas de diversas comunidades para estimular el debate y la búsqueda de alternativas a la difícil situación política que afrontamos.

A nuestro juicio, la apuesta por la reforma y modernización del Estado autonómico en un sentido federal implica la presencia de representantes de los diversos territorios, entre los cuales, ha de contarse también con quienes participan de esta visión y residen en la Comunidad de Madrid.

Madrid, “allá donde se cruzan los caminos”, es mucho más que la sede del poder político del Estado. En Madrid vive mucha gente (más de tres millones de personas en la ciudad, más de seis millones y medio de habitantes en la comunidad) que ha participado como el resto de los ciudadanos españoles en la construcción del Estado autonómico, aportando muchos recursos y que juega un papel importante aún en el funcionamiento y mantenimiento del mismo.

Y entre toda esa gente, muchos pensamos que, en este momento, es preciso apostar por una línea de reformas que permita un reparto territorial del poder más razonable, que rompa la dicotomía actual entre quienes proponen la ruptura del país y quienes defienden la marcha atrás del Estado de las autonomías y la recentralización de servicios y prestaciones.

Madrid es una comunidad de acogida de ciudadanos de todo el país. Estos han ido llegando a Madrid a lo largo del tiempo y forman parte de la ciudad y su entorno. Y, a pesar de localizarse en esta comunidad la sede de las instituciones del Gobierno Central, no puede establecerse una identificación mecanicista de Madrid con España.
España es una sociedad plural, como lo es Madrid. A pesar de la creencia extendida en otras comunidades de que Madrid es cuna del jacobinismo y la defensa del centralismo, esto no es así. Muchos ciudadanos de Madrid, una comunidad abierta y empática, quieren participar en la solución de los problemas de nuestro Estado autonómico a través de la reforma del sistema territorial en clave federal, para mejorar las relaciones entre los territorios, de los cuales, en buena medida, proceden muchos de los ciudadanos madrileños.

Desde nuestro punto de vista, una propuesta de cambio federal no se puede plantear solo desde los territorios periféricos del país y las comunidades con más sentimiento de pertenencia e identidad. Es necesario desarrollar la conciencia y la cultura federal también en el centro del Estado español.

Estamos cansados de la identificación constante entre las posiciones centralistas y unificadoras españolas y los ciudadanos e instituciones situados en la capital. Estamos cansados de la descalificación constante de “Madrid” como expresión de lo peor del centralismo y el afán de control. Eso no refleja en absoluto la historia de Madrid ni la composición plural y abierta del conjunto de los ciudadanos madrileños.

En definitiva, el objetivo básico de Madrid Federal es contribuir con otras asociaciones territoriales similares a la extensión de la cultura federal y a la elaboración de propuestas de cambio del Estado autonómico en un sentido federal. Además, diversas asociaciones federalistas de otras comunidades, con sus propias señas de identidad, ya están integradas en la Asociación por una España Federal, y Madrid no podía faltar.

¿No suena a anticuado el término “federalismo”?

Más de la mitad de los habitantes del mundo viven en países federales: Estados Unidos, Canadá, Argentina, México, Brasil, Alemania, Austria, Bélgica, la India, y tantos otros son países federales, que se denominan como tales y procuran integrar, de forma armoniosa, la defensa de las raíces e identidades de sus pueblos con el planteamiento y el logro de objetivos comunes. Es curioso que, en nuestro país, para algunos (nacionalistas españoles) el federalismo representa una línea de disgregación y ruptura del país, mientras que para otros (nacionalistas secesionistas), el federalismo no es sino una fórmula soterrada de centralización. Hay que decir que no es lo uno ni lo otro, sino una propuesta bien ensayada en distintos lugares del mundo para aunar sentimientos e identidades diversas en un proyecto común.

“Federalismo” no es, en absoluto, un término anticuado. Tiene plena vigencia en muchos países, y hay que recordar que la mayoría de los 25 estados considerados federales por el “Forum of Federations” lo son desde 1950, por lo que no puede defenderse que se trate de un término anticuado. El federalismo se justifica especialmente en un país como España, en donde es necesario garantizar al máximo el respeto a la pluralidad, los sentimientos de pertenencia de muchos ciudadanos y sus preferencias y la integración de visiones diferentes y en ocasiones enfrentadas, en la búsqueda de objetivos comunes compartidos.

Más allá de sustantivos o calificativos, ¿no es España un país prácticamente federal?

Esto es lo que defienden quienes no quieren cambios ni reformas, pero hay que decir que España no es, en sentido estricto, un país federal. Sí se puede aceptar que, en pocos años, se ha vivido un intenso proceso de descentralización. Según la OCDE, España es uno de los países más descentralizados de Europa, tanto en términos de reparto del gasto público como de los ingresos, pero eso no quiere decir que se trate de un país federal.

Según la Constitución Española, España es un país formalmente unitario, como expresa el art, 2.1: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”).

Se puede decir que España no es un país federal pero sí un país federalista. Las instituciones deben reflejar cómo es la sociedad, cuyos actores representativos, como partidos políticos o agentes sociales, incluso ONGs o asociaciones, ya se organizan a nivel regional y muchos adoptan modelos propios de las organizaciones federales.

A pesar de la intensa descentralización, hay algunas cuestiones importantes que deben transformarse, en línea con los modelos federales más consolidados, como la revisión del reparto de competencias y atribuciones entre niveles de gobierno, el papel del Senado, la integración razonable de los municipios en el marco autonómico, los sistemas de financiación, el papel y la adecuada articulación de las conferencias sectoriales, el desarrollo de las relaciones entre CC. AA., etc.., además de proceder a la transformación formal de un Estado autonómico a otro de cuño federal. El fortalecimiento del Estado en clave federal puede ser la ocasión, además, de reforzar y fortalecer los servicios sociales básicos, hoy gestionados por las comunidades autónomas, y del propio Estado de bienestar.

¿No da el federalismo alas al independentismo?

Al contrario; la idea de “la unidad en la pluralidad”, característica del federalismo (frente a la visión excluyente del nacionalismo), se opone a las posiciones rupturistas e independentistas. Los federalistas apoyan un proyecto común, basado en el respeto a las diferencias y las raíces de las diversas comunidades y la búsqueda de mecanismos adecuados y racionales de coordinación e integración.

Los independentistas, por el contrario, pretenden la ruptura y la creación de fronteras entre territorios, marcando diferencias entre los habitantes de su territorio y quienes no lo son, generando barreras y descalificaciones de quienes no forman parte de su colectivo.

Hay que advertir, sin embargo, como antes señalaba, que el federalismo tampoco debe entenderse como recentralización, homogeneización o aumento de controles desde el centro. Se trata, por el contrario, de racionalizar un sistema descentralizado de gobierno, a partir de la transparencia y la negociación, procurando añadir los mejor de cada territorio al proyecto común.

¿Cómo definimos entonces el federalismo?

El origen del término “federalismo” alude a la construcción política de la confianza (fides) a través de la búsqueda de un pacto entre iguales (foedus). Este pacto se traduce en el intento de la articulación entre Gobiernos y gobierno compartido; el término también implica respeto a la diversidad y cooperación, así como lealtad institucional en relación con los asuntos comunes. Como ha expresado Watts, una sociedad federalista implica el “reconocimiento explícito de múltiples identidades y lealtades y un sentimiento general de propósitos y objetivos compartidos”.

El federalismo apuesta por una visión pluralista, no nacionalista, y defiende la superioridad ético-política de la convivencia de diversos territorios en el seno del mismo sistema, en un proyecto marcado por una serie de valores básicos, como son la tolerancia, la lealtad, la confianza y el respeto mutuo.

No hay que olvidar, sin embargo, que el eje central del modelo federal es la igualdad básica de los ciudadanos y la solidaridad entre territorios. Se trata de una igualdad compleja, aunque en todo caso, muy diferente de la idea de uniformidad, y que pone el acento en el autogobierno de los diversos territorios integrados en la federación y pretende garantizar el respeto a las diferencias y la búsqueda de la cohesión territorial a partir de una serie de principios básicos.

Por otra parte, el concepto de federalismo, como han señalado, entre otros, Victoria Camps o Manuel Cruz, conecta con los valores asociados al concepto de “fraternidad” procedente de los valores esenciales de la Revolución Francesa, aunque quedara pendiente de desarrollo y consolidación respecto a los otros valores de la libertad y la igualdad.

Entendemos que es necesaria una reforma de la Constitución, pero también del Estatuto de Autonomía de Madrid…

La reforma de la Constitución en clave federal, una de las propuestas defendidas por la Asociación española y por Madrid Federal, exigiría en su caso la reforma y adaptación de los estatutos autonómicos y, naturalmente, también del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid.

Puede aprovecharse la ocasión para delimitar mejor las competencias y atribuciones de las comunidades, especialmente en relación con los servicios sociales, así como el papel de la Comunidad de Madrid en un nuevo Estado federal.

¿Se puede defender una Europa federal y no una España federal?

A mi juicio, eso no tiene demasiado sentido. Más allá de las implicaciones políticas, estratégicas o históricas del proceso de construcción europeo, en términos prácticos, la federalización de la UE se justifica ante la necesidad de contar con un nivel institucional capaz de afrontar problemas que los estados europeos no puede solucionar por sí solos (por ejemplo, la tributación de las multinacionales o de los servicios digitales). España, como Europa, se caracteriza por tratarse de un país marcado por la diversidad y la pluralidad, pero en el que tiene todo su sentido disponer de instituciones comunes para hacer frente a las cuestiones y problemas que sobrepasan las fronteras autonómicas; por tanto, los argumentos a favor de una Europa federal sirven también para defender una España federal.

Por otro lado, quiero recordar que el germen de la asociación española por una España Federal fue el evento que se llevó a cabo en 2014 con gran apoyo social, bajo el título, “Una España federal en una Europa federal”, de modo que se trata de una visión asumida por quienes defienden las propuestas federalistas, y uno de los objetivos esenciales de nuestra asociación es difundir la cultura federal que, como ya he dicho, significa vincular el respeto de las identidades y raíces de los ciudadanos, procurando aprovechar toda la riqueza cultural de las diversas comunidades, con el logro de objetivos comunes en beneficio de los mismos ciudadanos. Y esto vale, tanto para Europa como para España. En esa dirección, olvidarse de los valores y principios federales en el interior del país y defender el ideal federal para Europa, parece contradictorio.

Madrid nació como una comunidad autónoma bastante artificial… ¿puede convertirse en un distrito federal o algo similar?

Desde mi punto de vista, es muy importante que en un proyecto federal para España esté integrada la Comunidad de Madrid. Como antes decía, se trata de una comunidad abierta y plural, en la que muchos pensamos que el proyecto federal debe ser defendido. En todo caso, con independencia del origen, hoy Madrid tiene su propio perfil como comunidad autónoma consolidada y diferenciada de las instituciones de la Administración central.

Desde el período de la Transición, el impulso económico de la comunidad, el crecimiento y el desarrollo de una gran cantidad y variedad de manifestaciones artísticas y culturales, aunque con altibajos, han ayudado a conformar un cierto reconocimiento de identidad de los ciudadanos madrileños con su comunidad.

No parece que la configuración de Madrid como un distrito federal haya sido objeto de especial atención, tanto en la Constitución de 1978, como con posterioridad. Por el contrario, como argumentaba anteriormente, es conveniente marcar las diferencias entre el Gobierno del Estado y la comunidad autónoma en la que actualmente tiene su sede.

¿La pandemia puede acelerar un proceso federal o puede retrasarlo?

La pandemia ha puesto de manifiesto las insuficiencias y limitaciones del actual estado descentralizado español, aun reconociendo el papel esencial del sector público (central y autonómico) en la gestión de la crisis. Aunque para algunos lo acontecido justificaría una recentralización de competencias, creemos que, por el contrario, lo que se necesita es una adecuada revisión del reparto competencial y el fortalecimiento de los mecanismos de coordinación y colaboración.

Toda reforma que avance hacia un mejor funcionamiento de las instituciones, fortalecerá la calidad y la credibilidad institucional de España, lo que tiene implicaciones, no solo para la salvaguardar la democracia, sino también para disponer de instrumentos más adecuados para proteger a los ciudadanos más vulnerables.

La gestión de la pandemia por parte de los Gobiernos de los distintos países muestra resultados muy dispares, con independencia del grado de descentralización de los mismos. La gestión de la crisis en un país como Alemania parece ofrecer resultados de interés para otros territorios, como España o Italia, aunque también para otros países federales como Estados Unidos o Brasil. Aunque no parece que el vector territorial haya sido muy decisivo, no cabe duda que los países más avanzados, con sistemas federales maduros y eficaces sistemas de coordinación y colaboración, son los que han obtenido mejores resultados y mostrado una mayor capacidad para afrontar la pandemia y los procesos de recuperación económica.

Lo que ha faltado y falta en el caso español, como he reiterado, es una mejor aclaración de las competencias entre Gobiernos, un sistema regulador actualizado, un mejor desarrollo de los sistemas y mecanismos de coordinación entre los diversos niveles de gobierno y una estructura territorial mejor estructurada y eficaz, que no impida o dificulte la búsqueda de las mejores soluciones compartidas (traspasos de pacientes y sanitarios entre comunidades, mecanismos de ayuda solidarios, difusión de las mejores prácticas por parte de hospitales y responsables sanitarios, etc.). En la actualidad muchas de estas cuestiones operan hoy mediante mecanismos informales y dependen (en ocasión de forma excesiva) de las relaciones personales entre los que trabajan en las diversas administraciones. En consecuencia, deberían agilizarse los mecanismos institucionales para garantizar que esto se produzca de manera natural y con mayor intensidad.

Los elementos mencionados pueden ser desarrollados en un proceso de cambio en clave federal, en el que, al menos a corto plazo, no es imprescindible la reforma constitucional, de modo que la construcción de una nueva cultura federal es compatible con los cambios graduales que podrían incorporarse a partir de las instituciones y las reglas actuales que, adicionalmente, podrían servir para extender y consolidar la misma cultura federal.

¿Qué opina sobre las conferencias de presidentes que han tenido lugar en estos tiempos? ¿No es un instrumento con alma federal?

Sin duda podría decirse que así es. El respeto y reconocimiento de todos los agentes que participan en la solución de un grave problema común es esencial, como lo es la búsqueda de soluciones compartidas y el papel de arbitraje, que no de imposición, de la Administración central. La negociación para buscar tales soluciones implica, en todo caso, un papel activo y propositivo de los interlocutores.

Hay experiencias diversas sobre las conferencias de presidentes en los países federales y, de nuevo Alemania proporciona un ejemplo interesante; pero, en cualquier caso, la conexión y coordinación de los responsables máximos es, a mi juicio, muy importante. El hecho de que se hayan realizado conferencias semanales de presidentes autonómicos con el gobierno central tiene el valor del progresivo conocimiento de los interlocutores, la creación de lazos y complicidades frente a una situación tan complicada como la que vivimos, el aumento de la información y la transparencia y, a pesar de sus limitaciones, una cierta mejora en la coordinación de las políticas a aplicar.

La coordinación en la crisis del coronavirus en sectores fundamentales como Sanidad o Educación, ¿habría mejorado o empeorado en un sistema federal?

La existencia de las conferencias sectoriales ha sido fundamental en la gestión de la crisis. A pesar de las diferencias políticas, la gravedad de la situación creada, la presión ciudadana y la responsabilidad de los representantes en las conferencias sectoriales (especialmente en Sanidad, con el Consejo Interterritorial de Salud) han permitido, a mi juicio, gestionar mejor la crisis.

No obstante, si lo que se trata es de generar una estructura más fuerte y consolidada, una España federal puede mejorar en eficacia y operatividad, para lo que, en todo caso, es imprescindible disponer de instituciones actualizadas y prestigiadas, además de medios y personas especializadas y bien preparadas para asesorar a cada nivel de gobierno, así como de mecanismos ágiles para difundir entre los agentes implicados las mejores prácticas.

¿Las tensiones entre comunidades y Gobierno central en la crisis COVID no ponen al descubierto la ausencia de espíritu federal?

Que existan diferencias de opinión entre gobiernos es razonable y propio de cualquier sistema político pluralista. Sirven como contrapeso al poder del gobierno central. En este sentido, lo sucedido en España es en buena medida comprensible. No ha habido experiencias previas tan dramáticas y, al menos, la experiencia vivida y los problemas de coordinación entre los niveles de gobierno pueden haber servido para aprender, ajustar las normas menos operativas y mejorar las conexiones institucionales.

Es cierto, sin embargo, que el conflicto político que vive el país desde hace algunos años dificulta de manera significativa la gestión de la crisis. Desde la sociedad civil no se entiende la actitud de los partidos y sus representantes, incapaces de llegar a acuerdos importantes ante una situación tan grave como la que se vive.

Desgraciadamente, la crisis ha puesto de manifiesto la falta de efectiva lealtad institucional por parte de los representantes políticos. En realidad, parece que este principio, esencial en cualquier planteamiento federal, se ha convertido en una expresión retórica, carente de contenido y convertida de piedra arrojadiza de unos partidos a otros.